Creo que no hace falta que aclare que no soy un gurú en la materia ni aspiro a serlo. Cada uno tiene un camino que seguir a la hora de escribir o hacer lo que sea y seguramente tú tendrás el tuyo. Aclarado esto, te comparto los mejores consejos que he probado hasta el momento:
- Lee mucho de todo lo que te guste. Aquí tengo que hacer hincapié en que leas lo que te guste. No pierdas el tiempo en lecturas que no te interesan.
- Escribe lo que te apetezca, no le pongas frenos a tu escritura, ni intentes corregirla. Ya tendrás tiempo de hacerlo más adelante.
- Escribe todos los días, aunque sea un poquito para ir agarrando práctica. Recuerda que toda mejora con la práctica.
- No te sientas mal si tu intención era escribir una poesía y acabas escribiendo un relato, un diario o una lista de los pendientes de la semana. Lo importante es que conectes con la idea de escribir.
- No dejes que el síndrome del impostor te atrape y mucho menos que te censure. Nadie nace sabiendo nada.
- Y no dejes de consultar blogs, artículos y libros donde siempre puedes encontrar inspiración, soporte y algunos buenos consejos.
Pasión, voluntad y un poco de desorden
Y esto de escribir todos los días, es lo que cumplo a raja tablas desde hace mucho tiempo. Por lo demás, me encantaría decir que siempre he llevado una estructura y que siempre me he ceñido a ella a la hora de escribir, pero estaría mintiendo. La mayor parte del tiempo no tenía ni idea de lo que iba a escribir o por cuanto tiempo iba a hacerlo y simplemente me entregaba a la fantasía.
Como resultado de ello acumulé miles de cuadernos repletos de relatos, poesía, esqueletos de canciones, diarios personales y confesiones íntimas, durmiendo en cajones o viajando en cajas de mudanzas, sin tener ningún plan para ellos.
¿Sabías que me mudé una veintena de veces y cuatro de ellas fueron a otro país?
Bueno, por qué ibas a saberlo. El punto es que siempre pensé que los planes no era muy bueno hacerlos por lo impredecible de la vida y, por lo tanto, hasta el comienzo de este año fui un escritor brújula, alguien que concibe una idea y escribe sobre la marcha.
Sin embargo, en este punto debo admitir que admiro y secretamente aspiro a convertirme en un escritor mapa, alguien que planifica anticipadamente y escribe guiándose de un itinerario cuidadosamente reflexionado. Y por ello, en los últimos meses me encuentro abocada a la planificación de mi novela. No te voy a mentir, me está costando horrores. Pero poco a poco voy viendo la luz. Al momento de escribir esta entrada llevo dieciséis mil doscientas treinta y tres palabras de mi novela y esto gracias a un modesto mapa que va guiando mis pasos. Así que, aunque hasta hace relativamente poco, me haya dirigido la pasión mezclada con voluntad y un poco de desorden, me alegro de estarme acercando al orden, de lo contrario corro el riesgo de perderme en un laberinto sin salida. Y no nos engañemos, no todos podemos darnos el lujo de esperar a que la musa o el muso llamen a la puerta.
Y si llama, por favor, que nos encuentre trabajando.
En mi experiencia, el desorden puede elevar la fantasía creadora, pero el orden te ayuda a aterrizar esas ideas que vuelan como pájaros libres en tu cabeza. Por eso, mi humilde consejo es que intentes en lo posible planificar tu obra.
El mapa no tiene que ser perfecto
Cuando escribir se nos da de forma natural corremos el riesgo de creer que es tarea fácil y que no necesitamos planificar, ni estudiar. Bastará con esperar a que la musa o el muso se presenten, pero esto puede tardar meses y hasta años y cuando nos demos cuenta el tiempo que no perdona, se nos habrá acabado. Por eso mi consejo es que, una vez obtenida la idea principal, planifiques.
Te será de gran utilidad tener una serie de instrucciones propias a las que seguir antes de empezar a dibujar tu novela en un documento de texto. Créeme, te será de mucha ayuda a la hora de ir enlazando capítulos y de llenar tus escenas. Sopesarás y encontrarás la mejor manera de presentar el conflicto y su solución y de esta manera hacerlo interesante para tus futuros lectores, así como a conocer a tus personajes.
En esta tarea también elegirás la estructura que vas a dar a tu obra, el manejo que harás del tiempo y por supuesto, conocerás cuál es el narrador más adecuado para contar tu historia.
No puedo asegurarte de que ya no te encontrarás con laberintos sin salida, pero seguro tu escritura fluirá mejor y te anticiparás a los inconvenientes que cualquier trama puede presentar.
La famosa pero esquiva visibilidad
Un tema que no suele apetecernos mucho a los escritores es el marketing y todo lo que abarca como la marca personal y las ventas. Sí, de ventas. Y sí, yo también me tapaba la cara como si me hubiesen dicho una mala palabra. Pero los escritores tenemos que vivir y para eso tenemos que vender nuestros productos, que no son otra cosa que nuestras creaciones.
¿Pensabas que solo había que escribir, luego buscar un corrector y una editorial y eureka? Si es así, estás perdonado. Yo creía lo mismo. Y no te miento, todavía me ando peleando con la idea de salir a la selva de las redes a hacerme visible. Pero, ¿qué remedio hay en la era de la Internet? No nos peleemos con la realidad, más bien abracemos el momento.
A estas alturas ya habrás oído que hay que construir una marca personal que te haga visible. ¿Cómo no tienes un canal en YouTube, un perfil de Facebook y uno de Instagram? ¿No haces reels cada semana o stories cada día? ¿No comentas tweets? Perdona que me lo tome con una pizca de humor, porque es serio. Las redes sociales vinieron para quedarse y para servirnos de plataforma de visibilidad. Usémoslas.
Si has estado escribiendo toda tu vida y un día te has despertado pensando que ya era hora de sacar a la luz tus cuadernos y hacerle saber a tu familia que además de tu título universitario tienes aspiraciones artístico-literarias, es hora de que dejes de temerle a la famosa visibilidad.
Y no, no tienes que convertirte en alguien que no eres, ni hacer payasadas, ni tratar de seguir todas las modas del momento. Basta con que seas tú mismo con tus particularidades, tu carácter y tu personalidad. El resto vendrá por añadidura. O al menos te habrás divertido. Pero si no te haces visible, nadie te leerá. Esto es una de las cosas que tuve que aprender.
¿Y el tiempo?
El tiempo es un bien escaso. ¿Si estamos ocupados en hacernos visibles, cuando vamos a escribir? Bueno, para serte sincera, estoy ocupada en resolver este asunto.
De momento me apetece contarte una anécdota personal que tiene que ver con el uso del tiempo. Ayer tuve la suerte o la sincronía de toparme una vez más con una obra que adoro por su sencillez y su forma de contar historias: Los diez secretos de la Abundante Felicidad, de Adam J. Jackson.
Desde luego, no hay secreto alguno, porque todos conocemos los temas que el libro predica, pero increíblemente, no los practicamos tan a menudo como deberíamos hacerlo. Escuché el audible mientras caminaba con Shiba, mi perrita. Íbamos por un bosque plagado de hojas de color entre rojo y naranja y saboreé cada historia contada por distintas voces.
Todas ellas eran historias muy reales y el único elemento mágico, por decirlo de alguna manera, era el anciano chino, que aparecía como un maestro omnisciente en la vida de cada uno de los personajes, a los que, de una forma u otra, les cambió la vida.
De los diez secretos propuestos en el libro, una de las historias que más me llamó la atención es la que hablaba del poder del momento. En ella, uno de los personajes expone algo así como que la mayoría de nosotros tendrá una media de existencia de entre 75 y 79 años, la mitad de ella nos la pasaremos durmiendo, con lo que solo nos queda la otra mitad.
Sé que esto va a sonar catastrófico, pero tenemos que elegir bien qué haremos con el tiempo que tenemos, porque cada día es un regalo.
Yo no sé vosotros, pero yo no puedo dejar de pensar en qué quiero hacer con el tiempo que me queda en esta vida. Cómo quiero vivir cada momento de mi existencia a partir de ahora.
Se me ocurre que una cosa importante es hacer limpieza, de todas aquellas cosas, situaciones o personas que nos restan tiempo y que no nos acercan a nuestro objetivo vital, que es llevar una vida creativa, abundante y feliz. Y también que es relevante tener prioridades. Por más que tengamos una cantidad variada de intereses, tendremos que acotarlos y definirlos para poder llegar a nuestras metas.
Así es que usemos nuestro tiempo lo mejor que podamos, y, si queremos ser escritores, pongámonos a ello.
Gracias por leerme y comenta si te ha gustado para traerte más historias como esta.
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