Hace un tiempo comprendí que mi pasión era escribir y que por más vueltas que le diera solo quería sentarme cada día a convertir páginas en blanco en historias dignas de ser contadas y, por supuesto, dignas de ser leídas. Pero, una pregunta atravesó mi mente de lado a lado, por ¿dónde empezar?
Me asaltaron muchas dudas del tipo: no estudié literatura, tampoco me especialicé en escritura creativa y sin embargo escribo. Pero escribir para uno mismo, para la familia, para los amigos o como un pasatiempo, no es lo mismo que ser un escritor que publica. Entonces, ¿cómo me vuelvo una escritora profesional?
Por supuesto que le hice esta pregunta al sabio de Google y me respondió lo siguiente:
Para ser escritor no es obligatorio estudiar literatura o escritura, sin embargo, es importante e incluso deseable que te instruyas académicamente o de manera autodidacta para conocer las herramientas y técnicas que mejor se aplican a tu forma de escribir.
Qué alivio, ahora solo me restaba solo sentarme a escribir porque:
A ser escritor se llega escribiendo.
Así que me puse a escribir y no solo eso, también comencé a asistir a cursos de escritura que me abrieron los ojos y el alma a recursos y técnicas que no conocía ni por asomo. La escritura comenzó a fluir y yo a sentirme más segura.
Hubo también un proceso interno de descubrimiento y liberación y pasé de solo escribir poesía o microrrelatos a desear escribir una novela y ponerme a hacerlo.
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Es sabido que la tarea del escritor es intrínsecamente solitaria. No nos gusta que el mundo se meta en nuestras divagaciones mentales y por eso nos cuesta compartir. Al principio, todos los escritores creemos ser tocados por una varita mágica que nos hace especiales y nos enamoramos de cualquier cosa que escribimos al punto de guardarla recelosamente en un cajón para alguien que realmente merezca acceder a ella. O con la excusa falsa de que solo escribimos para nosotros. En contradicción con esto, una de las cosas que más le preocupan a un escritor es llegar a gustar, por lo tanto, sí que queremos ser vistos, ser leídos y, Dios quiera, ser aclamados como buenos escritores.
De modo que, aunque seamos reacios a la crítica, con el tiempo llegamos a entender que necesitamos del ojo crítico, de un profesor de literatura, de otros escritores, o de un lector. Todos ellos pueden escudriñar nuestra obra con bastante más objetividad que nosotros mismos.
Esto es algo que aprendí asistiendo a esos cursos de escritura en línea donde tus compañeros pueden comentarte semanalmente. Y por supuesto, tampoco falta la mirada del profesor a cargo, que muchas veces es también un escritor. Es increíble lo mucho que se aprende a través de la mirada de otros.
Por eso creo que una manera de llegar a convertirte en un buen escritor en no tener miedo de compartir tus creaciones, hacerlas visibles y aceptar los comentarios que puedan surgir. Es posible que te lleves sorpresas agradables y también algunas no tan positivas para tu ego. Lo interesante, es que si las aceptas puedes aprender de forma rápida y sin costo lo que se te da bien y lo que es mejor descartar.
En este punto no puedo menos que detenerme un momento en todas las posibilidades que nos ofrece esta era digital de compartir nuestros escritos a través de plataformas, blogs y redes sociales.
En mi caso, lanzarme a escribir este blog es una de las formas que tengo para compartir mi forma de escribir, mi visión de la vida y del mundo que me rodea y mi experiencia en este proceso de convertirme en escritora. Con él estoy expuesta a las miradas ajenas, a sus críticas y también estoy abierta a aprender.
Otro de los espacios que uso es Instagram donde me permito publicar fragmentos de mi poesía, frases que se me ocurren, pensamientos, reflexiones y un poco de mí. Está claro que nunca podremos abrirnos del todo al mundo como un libro, pero sí que podemos mostrar algunos capítulos.
Porque, aunque nos encante nuestra isla personal, el mundo es necesario para nosotros, la comunidad es nuestro soporte y con quienes nos queremos comunicar.
Miedo a la crítica
A todos nos da miedo no encajar, no gustar, no estar a la altura de las circunstancias, de las expectativas de otros o, de las nuestras propias. No nos olvidemos que como escritores tendemos a auto juzgarnos.
A veces la propia inseguridad, y esto lo digo por experiencia personal, nos lleva a pensar que no lo hacemos bien y a crearnos fantasmas mentales, que empiezan como pequeños insectos molestos y que se convierten en monstruos si no los contenemos.
Otras veces, no sabemos encajar la crítica honesta de alguien que ejerce su derecho a opinar. Nos resulta más fácil restarle importancia y seguir a lo nuestro que intentar comprender el punto de vista de otro.
Pero en este oficio es mejor dejar este miedo de lado y aventurarnos con valentía al imaginario campo de batalla donde libramos nuestra lucha por llegar a pertenecer al círculo de escritores.
Por suerte, al menos para mí, acabo de aplastar las moscas (metafóricamente hablando) que sobrevolaban mi cabeza y me he dado el permiso para escribir, publicar este blog, comunicar y someterme posiblemente a la crítica, pero también y más probablemente, a la indiferencia. Seamos realistas, por mucho que nos hagamos ilusiones, es posible que, al principio, nadie nos lea; entonces,
¿Por qué temer?
Creérnoslo
A estas alturas ya habrás deducido que creernos escritores es una cuestión de vital importancia para emprender este viaje. No basta con que la maestra de primaria nos haya animado a seguir el camino de las letras y nos susurre en el recuerdo que tenemos talento para ello, ni con que nuestros amigos o familiares queden admirados con nuestras frases brillantes, emocionantes y llenas de verdad, y nos animen a publicar.
Tampoco basta con que nuestro ego nos de una palmadita de vez cuando haciéndonos sentir que ya casi estamos a la altura de los grandes escritores a los que admiramos. Necesitamos creer en nosotros como escritores. Si es necesario repetírnoslo una y otra vez frente al espejo: soy escritor, soy escritor.
Sí, así, como un mantra: soy escritor.
Recuerdo que al principio yo solo podía decirlo en voz baja si alguien preguntaba por lo que hacía, incluso me puse a estudiar Copywriting para poder decir algo que me parecía que encajaba mejor. Tuve que convencerme primero a mí misma de que soy escritora, por el simple hecho de que escribo de manera creativa, no concibo la vida sin hacerlo y pretendo vivir de la escritura. Es mi trabajo.
Por último, es importante que nos lo tomemos en serio, que creamos sinceramente que ser escritor es un trabajo como cualquiera, al que hay que dedicarle tiempo, sudor y lágrimas.
Comparte tu opinión sobre por dónde crees que se debe empezar si quieres ser escritor.

